Un muy interesante artículo fue publicado en el portal de la Wharton donde se develan estrategias y caminos a seguir para mostrar liderazgo. Ser agradable, evitar la ostentación del ejecutivo, prestar atención a las palabras del otro, y tener en las presentaciones una dinámica de interacción con el resto del público, son las claves para demostrar la capacidad de uno, y lograr el respeto de los otros. El detallado texto de la Wharton:
Hace unos años, mientras visitaba una filial regional de Lee Hecht Harrison, una empresa global de gestión de carreras profesionales, el entonces presidente Stephen Harrison fue reprendido por "Ray", su director operativo. "No saludaste a la recepcionista", le dijo Ray mientras comenzaba a mostrarle a Harrison cómo hacer lo que él denominaba "contacto de dos minutos". Se presentó a sí mismo, preguntó a la recepcionista sobre su posible traslado así como sobre sus impresiones sobre la empresa".
Ray explicó a Harrison: "Una recepcionista es una guardiana corporativa. En un solo día habla con más gente importante –proveedores, clientes, incluso consejeros delegados-, que Ud. en todo el año".
Los escándalos "al estilo Enron" no se evitan únicamente charlando con la recepcionista, pero durante participaba en la XI Conferencia Anual sobre Liderazgo celebrada en Wharton, Harrison sostuvo que los pequeños actos como ése forman parte de lo que constituye una cultura corporativa ética. Y es la cultura, no una "legislación estricta", como la Ley Sarbanes-Oxley de 2002, la que tiene la llave para no cometer más fallos morales, afirmaba.
En dicha conferencia, cuya temática este año era "el desarrollo del talento de liderazgo", también participó Richard Greene, conocido instructor para aprender a hablar en público y autor del libro Words that Shook the World: 100 Years of Unforgettable Speeches and Events (Palabras que hicieron temblar al mundo: 100 años de inolvidables discursos y eventos). Algunos de los patrocinadores fueron el Centro para Liderazgo y Gestión de Cambios (Center for Leadership and Change Management), el Centro de Recursos Humanos (Center for Human Resources) y el programa de Educación para Ejecutivos de Wharton (Wharton Executive Education).
Pomposidad de los ejecutivos
Harrison, en la actualidad presidente de Lee Hecht Harrison, señalaba el fracaso de la Ley Sarbanes-Oxley para acabar con los casos de fraude corporativo y con las malas conductas. Así, citaba un informe elaborado por PricewaterhouseCoopers que evidencia un incremento del 22% del fraude global en los últimos dos años. Cuando la Federal Setencing Commission descubrió esta disfunción entre intenciones y resultados, explicaba Harrison, se encerró a deliberar durante un año y luego añadió una línea en su guía para sentencias federales donde se proponía que las empresas que cotizan en bolsa deben "fomentar una cultura organizativa que promueva las conductas éticas".
Poco después de que se añadiese dicha frase, Harrison fue nombrado Director Mundial de Ética y Cumplimiento de la empresa matriz de Lee Hech Harrison, Adecco, un puesto que lleva desempeñando desde hace dos años y que se cubre a propuesta de las empresas cotizadas que cumplen la Ley Sarbanes-Oxley. Harrison, junto con otros recién nombrados directores de ética y cumplimiento, quería saber cuál era el significado del término "cultura ética" para el Comité de la Reserva Federal. Harrison se entrevistó con burócratas del Comité y asistió a diversas conferencias en las que sus miembros debatían sobre el tema.
"Todos nosotros teníamos bolígrafo en mano, preparados para la respuesta. Pero nunca nos la proporcionaron", recuerda Harrison. "Así pues decidí investigar sobre el tema por mi cuenta". Sus conclusiones reflejan las palabras de la ex-comisaria de la SEC Cynthia Glassman, la cual declaró que el gobierno puede obligar a comportarse bajo criterios éticos, pero sin embargo "no podemos legislar el comportamiento ético". Para Harrison, incluso la palabra "ética" en sí misma es demasiado abstracta; la suele sustituir por otra que considera más intuitiva y basada en el sentido común: decencia.
"La decencia no sólo consiste en ser agradable", señalaba Harrison, autor de The Manager's Book of Decencies (Libro de virtudes para gestores), sino más bien de crear un "envoltorio de burbujas" formado de buenas acciones que protejan a la empresa durante los malos tiempos. "Nuestro deseo de ser decentes en el trabajo no puede depender de si el negocio va bien, o de si estamos de mal humor o de si está lloviendo. Las virtudes no valen nada a menos que nos esforcemos en ponerlas en práctica a través de actos concretos en todo tipo de condiciones metereológicas".
Para aquellos que ocupan puestos de responsabilidad, esto significa por ejemplo ser el primero en ofrecerse voluntario para dar formación ética, halagar a aquellos que no tienen puestos ostentosos, como por ejemplo el personal de limpieza, y escuchar a los empleados de todos los niveles de la organización. Así, Harrison señalaba como ejemplo a Herb Baum, antiguo consejero delegado de Dial, que puso en marcha la iniciativa "tómate un perrito caliente con Herb" donde invitaba a sus empleados a hablar con él sobre cualquier cosa que se les pasase por la cabeza.
La generosidad, junto con la admiración y el reconocimiento, conseguirá el tipo de líderes que Harrison denomina "activos físicos". Así, ponía como ejemplo al presidente y consejero delegado de Campbell Soup, el cual "al final de cada día se reúne con su gente para escuchar las cosas que se han hecho bien ese día y después escribe a mano notas de agradecimiento a aquellas personas que lo hicieron. Si vas a Campbell Soup, en cualquier parte del mundo, verás muchas de estas notas enmarcadas".
Una prueba fundamental de la sensibilidad de un líder son los despidos. Las empresas occidentales, y en particular las estadounidenses, han aceptado el hecho de que los despidos son necesarios, pero lo que "no deberían aceptar son los casos de reducción de plantilla que son de todo menos sensibles, meditados, y una de sus mayores prioridades debería ser la dignidad de las personas", decía Harrison.
Inmediatamente después de un despido masivo, un líder debería ser "muy visible y accesible", estar dispuesto a responder todas las cuestiones, reducir los niveles de ansiedad e incluso apaciguar el sentimiento de culpa de aquellos que sobrevivieron al mismo. "Se necesita mucho valor para salir a escena con la cabeza alta y ser capaz de enfrentarse a esta situación. Se base en ser decente y la gente lo apreciará".
Al final del día, las palabras de la poeta Maya Angelou no pueden ser más ciertas, decía Harrison: "Las personas olvidarán lo que has dicho, incluso olvidarán lo que has hecho, pero nunca olvidarán lo que les has hecho sentir".
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