Una mirada diferente
Jueza de la Corte Suprema de nuestro país, dice que es necesaria la mirada de las mujeres en los hechos judiciales y que nunca será una antigüedad hablar de la necesidad de aumentar la participación femenina, sobre todo en el sector público
No es cuestión de declamar.
A Carmen Argibay le entusiasma que se hable del avance de las mujeres en el espacio público, pero no cree que se haya llegado a un punto de equilibrio con los hombres. "La declamación sobre la igualdad no sirve. Hay que llevarla a la práctica todos los días. Si miramos la historia, primero se logró el voto femenino, luego llegó cierta representatividad, después la ley de cupo... Fueron todos pasos para avanzar hacia esa igualdad a la que todavía no llegamos."
Ahora, que tiene 69 años, la ministra de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (que también integró el Tribunal Penal Internacional de La Haya) puede asegurar que en esa búsqueda ella nunca se detuvo. Tiene un currículum frondoso en la justicia argentina, y membresía en las más diversas asociaciones de derecho penal y de mujeres jueces, aunque siente que algo trasciende los cargos: tener principios, y sostenerlos.
Así pensaba cuando era estudiante en la Universidad de Buenos Aires. Y así piensa ahora. Según ella misma cuenta, ésa es la razón que le abrió la puerta al Konex en el rubro Jueces, un reconocimiento que la enorgullece, sobre todo porque es compartido con Alberto Dalla Vía, Elisa Díaz de Vivar, Carlos Fayt y Javier López Biscayart. Lo que hace que una trayectoria pueda ser premiada es "la coherencia en el trabajo y en la vida cotidiana".
-¿No es una antigüedad seguir hablando del avance de las mujeres en la sociedad?
-No. Nunca será una antigüedad seguir hablando de la necesidad de aumentar la participación de las mujeres, sobre todo en el espacio público, donde somos casi invisibles. Es importante para que la mitad de la población tenga su representación y su voz.
-Se destaca que hay cada vez más estudiantes mujeres en Derecho, e incluso se habla de la feminización de la Justicia. Se está avanzando, aunque en general las juezas siguen vinculadas con temas tradicionalmente asociados con el sexo femenino, como la familia o el derecho de menores...
-Sí, en parte. Pero eso empezó a cambiar desde que los jueces se eligen por concurso. Ahora depende un poco de a qué concursos se presenten las mujeres para ser juezas. En casi todos los rubros hay mujeres candidatas a las que les va bien. En general, se preparan con más profundidad que los hombres porque saben que no se ve bien la inclusión de las mujeres en ciertos fueros. La situación ha mejorado, pero vamos de a poco.
-Que un ministro de la Corte sea mujer, ¿cambia las cosas a la hora de los fallos?
-Cambia mucho. En principio, que una mujer esté en la Corte hace que allí esté presente el 51% de la población que nunca estuvo representado.
-¿Existe una lógica femenina para interpretar la ley?
-No diría eso. Diría que a la hora de tomar los hechos de las causas a veces hay miradas diferentes. No se trata de la interpretación de la ley en sí, sino de la forma de valorar las pruebas que tenemos delante. La lógica abstracta de la ley no importa. Lo que importa es cómo un juez resuelve en un conflicto, más allá de lo pueda saber a nivel académico.
-A usted, resolviendo conflictos y siendo mujer, ¿cómo le va hasta ahora?
-Yo pienso que bien. No me gusta hacer balances anticipados. Espero que para el final me falte mucho.
-¿Qué temas relacionados con los derechos de las mujeres están pendientes en la Argentina?
-La violencia doméstica es un tema muy serio. La Corte está inaugurando la oficina de violencia doméstica, que va a estar abierta los 365 días del año, porque esos casos no necesariamente se producen en el horario de Tribunales. Otro problema es la desigualdad en la educación. Muchas mujeres son educadas en la desigualdad, y ni siquiera se sienten discriminadas porque fueron educadas para pensar que lo que otros ven como postergación es algo natural. Sin saber que tienen derecho a elegir lo que quieren ser.
Justamente para eso está la educación. Para que nadie nos imponga una forma de actuar.
-¿En este punto entra el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, a hacerse un aborto?
-Ya saben lo que pienso sobre el aborto (N. de la R.: está a favor de despenalizarlo). Sobre este tema, en la Argentina falta una discusión social que no se ha dado hasta ahora. Pero yo soy coherente; sigo pensando lo que pienso. Cada uno tiene que tener la formación y la posibilidad de decidir qué va a hacer de su vida, siempre que actúe en el marco de la ley. Para eso somos ciudadanos libres.
-Hablando de posibilidades, hace unos días se conocieron índices poco esperanzadores sobre la mortalidad infantil en el país. ¿Qué puede hacer la Justicia para evitar algo tan injusto como el aumento de muertes de niños pequeños?
-Yo no sé por qué esto lo quieren hacer pasar por la Justicia. Esto no tiene nada que ver con la Justicia, sino con una política de salud que debe encarar el Ejecutivo. Nosotros estamos para juzgar hechos que han ocurrido en el pasado. Tratamos con el pasado. No tratamos con el presente ni con el futuro. ¿Qué puede hacer la Justicia para que no se mueran niños desnutridos? Nada. No puede hacer nada. Lo que puede hacer es actuar cuando le llega un pedido de alguien por un chico desnutrido; puede intervenir en ese caso, pero no puede resolver la desnutrición infantil, que es un tema de los poderes ejecutivos provinciales o nacionales.
-Pero lo que circula en la sociedad, más allá de este tema, es la idea de que falta seguridad jurídica. Y la gente mira a la Corte.
-La Corte no puede ni debe hacer todo. El ciudadano común tiene que acostumbrarse a pensar que hay tres poderes en el Estado. El Legislativo, que está para hacer leyes (la Justicia no puede hacerlas; los jueces no somos legisladores). El Ejecutivo, para ejecutarlas. Y el Judicial, para resolver los conflictos que se plantean a través de la aplicación de las leyes. Si la gente mira a la Justicia para que resuelva un conflicto, está mirando bien. Pero si le reclama que saque una ley, se está equivocando.
-¿Cómo se consigue entonces la seguridad jurídica?
-La seguridad jurídica implica que no estemos cambiando todo el tiempo las leyes, o su interpretación. Lo que da seguridad es la estabilidad que otorga el hecho de sostener una línea de conducta.
Por Valeria Shapira
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